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100 AÑOS DE MUSEOS EN TEHUACÁN.


1917 EL PRIMER MUSEO

En el año 1917, hace un siglo, la ciudad Tehuacán tuvo el privilegio de contar con su primer museo, gracias al esfuerzo y dedicación de un grupo de personas encabezadas por nuestro admirado historiador don Joaquín Paredes Colín, el cual en su eterno afán de lograr mejoras para la tierra que lo vio nacer, emprendió una nueva tarea: Instalar un Museo de Historia Natural que exhibiera piezas de animales disecados, piezas arqueológicas como cerámica e ídolos de barro y demás vestigios del pasado remoto de Tehuacán y su región.

Algunos tehuacaneros como la señora Rosaura Viveros y Ernesto Ramírez donaron los primeros Xantiles y otros más colaboraron con ollas de barro y piezas de obsidiana; con estos elementos el historiador Paredes Colín logró que el director del Museo de Historia Natural de la ciudad de México, le donara 300 piezas de animales disecados de mamíferos, aves, reptiles e invertebrados.

Reunido todo el material el 22 de septiembre de 1917 el presidente municipal, Juan N. Ardit, inauguró el primer Museo de Historia Natural de Tehuacán, ocupando dos salones anexos a la escuela municipal para niños Ignacio Manuel Altamirano, que entonces se ubicaba en la calle 1 Norte, en el edificio que en nuestros días alberga al Archivo Histórico Municipal, en el Complejo Cultural El Carmen.

Según los recabados por un servidor este museo tuvo una vida efímera, y parecer ser que un par de años después cerró sus puertas, por lo que los animales disecados fueron repartidos en las escuelas públicas, en tanto las piezas arqueológicas fueron devueltas a sus propietarios. De esta manera terminó la corta vida del primer museo de Tehuacán, pero su importancia y trascendencia queda grabada para la historia local.

50 AÑOS DESPUÉS, EL SEGUNDO MUSEO

El 12 de septiembre de 1967, hace medio siglo, se realizó la apertura oficial del Museo del Valle de Tehuacán en el inmueble que anteriormente había ocupado la escuela Josefa Ortiz de Domínguez, sobre la segunda calle de la 1 Norte. Los tehuacaneros en aquel entonces se sintieron muy orgullosos de contar con este importante museo que exhibía al visitante una sucesión histórica, sin interrupción, de casi diez mil años.

Interior del Museo del Valle de Tehuacán a los pocos meses de su inauguración ocurrida el 12 de septiembre de 1967.

Lógicamente que un espacio de esta naturaleza no se logró de la noche a la mañana. Todo empezó en 1959, cuando un grupo de tehuacaneros bien intencionados, realizaron las gestiones ante el doctor Eusebio Dávalos Hurtado, entonces director del Instituto Nacional de Antropología e Historia, para la creación de un museo, aprovechando que por esos días el doctor Richard S. MacNeish iniciaba sus pesquisas prehistóricas en el Valle. Después de tres años y medio de trabajo de equipo, a través del Proyecto Arqueológico-Botánico de Tehuacán, el nombre de esta zona iba a quedar firmemente establecido en la prehistoria del mundo: en el Valle se dio el paso del maíz silvestre al maíz cultivado.

Fueron ocho años de gestiones, de tocar infinidad de puertas, de realizar campañas pro-museo y pro-Tehuacán, y hasta de pasar por tragos amargos. Pero al fin aquel 12 de septiembre de 1967 abrió sus puertas el Museo de Valle de Tehuacán, contando con el valioso apoyo del licenciado Agustín Yáñez, Secretario de Educación Pública y gran amigo personal del profesor Salvador Cruz Montalvo, pilar indiscutible de este museo.

Tocó a la escritora Luz Irma de la Fuente ser la directora del Museo, y realmente no pudo quedar en mejores manos lo que pronto se convertiría en uno de los más preciados tesoros de nuestra ciudad.

El Museo se dividió en cinco secciones, en la primera existía un cartel que contenía de manera muy explícita lo que significaba entrar a ese recinto. Un croquis del Valle complementaba esta explicación. También se señalaban los 12 sitios de excavación mayor de la expedición del doctor MacNeish. Complementaba una gran fotomural que mostraba las características físicas del Valle de Tehuacán: una zona con vegetación xerófita al abrigo de grandes cerros.

La segunda sección estaba dedicada a los vegetales en Mesoamérica.

La tercera era muy llamativa pues en grandes fotomurales iluminados a mano se exhibían páginas de los códices Magliabecchi, Borbónico y Florentino.

La cuarta sección se titulaba El Maíz en el Mundo.

La quinta era muy interesante, ya que mostraba los estadios hipotéticos y la secuencia arqueológica del Valle.

Este fabuloso recinto en un principio dio servicio al turismo nacional y extranjero, a investigadores de nota, a grupos de escolares de varios puntos de la República y apenas a cinco años de su fundación, el Museo del Valle de Tehuacán había recibido a hombres de los cinco continentes, quienes admiraron y repasaron las maravillosas aventuras de la domesticación del maíz, "la planta divina que el hombre creó", como acertadamente expresara el licenciado Raúl Noriega.

Pero todo empezó a cambiar a raíz del fatídico temblor de 1973, puesto que al dañarse seriamente el inmueble que albergaba al museo, el INAH dispuso cerrarlo para su remodelación. Al paso del tiempo y por cuestiones de falta de sensibilidad de funcionarios y poco interés de los tehuacaneros, el fabuloso Museo del Valle de Tehuacán inició una desastrosa etapa de decadencia al grado que el INAH se llevó muchas piezas a la ciudad de Puebla y otras tantas se guardaron en cajas, como hasta la fecha permanecen guardadas en bodegas, y aquel maravilloso muestrario del pasado prehispánico de nuestra comunidad quedó prácticamente escondido en cajas, dejando a Tehuacán si uno de más grandes atractivos. Con tristeza observamos que el cincuentenario del Museo del Valle de Tehuacán pasó de noche para el INAH.

UN SIGLO DESPUÉS: DOS MUSEOS PARA TEHUACÁN

Sin duda que la historia suele ser cíclica, ya que en 1917 se instaló el primer museo; 50 años después, abre sus puertas el Museo del Valle de Tehuacán; y en nuestros días, en 2017, tenemos la fortuna de contar con otros dos recintos: Museo de la Evolución y el Museo de Sitio, que nos demuestra que la inmensa riqueza arqueológica del Valle de Tehuacán puede exhibirse al mundo entero a través de estos recintos.


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