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  • Foto del escritorGustavo Méndez Osorio

COXCATLÁN EN LA GRANDEZA DE LA NUEVA ESPAÑA.


Su nombre fue Alonso Ponce, es poco extensa y lúcida su biografía pero sabemos que nació en Castilla, España. Vestía el hábito de la Orden de San Francisco y era guardián del Convento de Nuestra Señora de Castañar, cuando por el Rey de España fue nombrado Comisario General para observar el funcionamiento de las órdenes mendicantes en el Nuevo Mundo. Había llegado a la Nueva España, vía el puerto de Veracruz, en septiembre de 1584 y tras recorrer las tierras novohispanas y centroamericanas por un periodo de casi cinco años terminó por regresar a la península Ibérica en junio de 1589; sus anécdotas al viajar por las recién descubiertas Indias quedaron consignadas en un importante testimonio titulado “Tratado curioso y docto de las grandezas de la Nueva España”, mismo que fue redactado por su secretario fray Antonio de Ciudad Real. En 1586 el fraile Ponce emprendió un viaje hacia Guatemala, siendo en el mes de marzo de aquel año cuando los azares del destino lo enredaron en un vericueto de caminos cuyo paso era la región de Tehuacán, sin proponérselo fray Alonso Ponce se convirtió en el primer viajero cronista que dejó testimonio de “un bonito pueblo de indios mexicanos” llamado Cutzcatlan. La descripción completa dice en su diario de viaje lo siguiente:

“Lunes veinticuatro de marzo salió el padre comisario de madrugada de Tehuacán, y pasados dos o tres arroyos y andadas tres leguas de camino llano, aunque muy polvoroso, llegó a un pueblo de aquella guardianía llamado Santa Catalina; pasó de largo y andada otra legua pasó por otro llamado San Sebastián, de la mesma (sic) guardianía; después por otro pueblezuelo, visita de clérigos, llamado San Pedro y finalmente, andada otra legua y media en que se pasa un arroyo, llegó temprano a un bonito pueblo de indios mexicanos llamado Cutzcatlán, del obispado de Tlaxcalla, donde fue muy bien recibido así por los indios como por el clérigo beneficiado que allí reside y tiene cuidado dellos (sic), el cual le aposentó en su casa y le hizo mucha caridad y regalo. Allí tuvo la fiesta de la Anunciación y predicó a los españoles que se juntaron, dijo misa uno de sus compañeros, y los que sabían la lengua mexicana no quisieron comer el pan en balde y ayudaron al clérigo a confesar a los indios. Es aquel pueblo el último de los del obispado de Tlaxcala, por aquel camino; fue primero visita de nuestros frailes y dejóse a clérigos, en cuya casa había una hortecita y en ella un árbol de bálsamo el cual por ser nuevo aún no llevaba de aquel aceite y licor tan odorífero y medicinal. Hasta aquel pueblo de Cutzcatlán se le había mandado al alguacil Ayora que llevase al padre comisario, y así, llegado allí, tomó testimonio del corregidor de aquella provincia que estaba en aquel lugar y se volvió a México a dar cuenta de lo que había hecho, pero antes de que se partiese oyó el día de la Anunciación el sermón del padre comisario…

Miércoles veintiséis de marzo salió el padre comisario general de aquel pueblo de Cutzcatlán, después de pasado lo que dicho es…”.

Meses más tarde regresó de su viaje a Centroamérica, en septiembre del mismo 1586, el fraile Alonso Ponce volvió a recorrer Coxcatlán, aquí su testimonio:

“Sábado veintisiete de septiembre partió el padre comisario muy de madrugada de Los Kúes, y caminando con una luna clara y tiempo muy apacible, y andadas cinco leguas de buen camino, en que se pasan algunos arroyos, llegó a decir misa al pueblo de Cutzcatlán, del obispado de Tlaxcala, donde fue muy bien recebido de los indios y del clérigo beneficiado y se le hiso mucha caridad y regalo en casa del mesmo clérigo, en la cual a la ida se había aposentado, como atrás queda dicho....


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